Definimos al egresado del programa de Maestría en Educación, como un académico profesionalizado para realizar funciones de docencia, orientación y tutoría, gestión y evaluación, así como llevar a cabo proyectos de investigación e intervención o desarrollo educativo.

La problemática central que abordará el egresado es la elevación de la calidad educativa, en este sentido, el egresado es un profesional capacitado para identificar y anticipar problemas, así como intervenir en su entorno académico para solucionarlos.

Los conocimientos que apoyan las actividades de intervención del egresado, se basan en el dominio de las corrientes educativas contemporáneas, el desarrollo de habilidades y los elementos teórico-metodológicos para poner en práctica tareas docentes orientadas al aprendizaje significativo. El egresado posee también conocimientos sobre procesos de orientación académica que apoyen a los distintos actores de la educación y elementos para diagnosticar necesidades de tutoría y poner en práctica sus programas de enseñanza tutorial.

Se complementa la esfera cognitiva del egresado con el dominio de los enfoques actuales propios para promover el desarrollo organizacional en instituciones educativas, mejorar el liderazgo y evaluar programas e instituciones en los diversos sectores de la educación.

La amplitud de conocimientos esperados en el egresado, necesariamente obliga a que se ponga énfasis en aquellos aspectos que afectan directamente a la realidad cotidiana donde se desenvuelve profesionalmente.

El egresado estará habituado a continuar aprendiendo de manera independiente, al adquirir durante sus estudios, los elementos metodológicos y técnicos para formular problemas y preguntas de investigación y conocer también procedimientos para el acceso a la información con el uso de las nuevas tecnologías. Posee también habilidades para dirigir y coordinar procesos de enseñanza y aprendizaje, así como programas de desarrollo educativo.

El perfil del egresado se complementa con la capacidad para reflexionar permanentemente sobre su práctica, enjuiciar el sentido ético de sus acciones y comprometerse moralmente con la ciudadanía, a través de una práctica honesta, eficiente y respetuosa de los derechos de los demás integrantes de su entorno educativo, así como de los miembros de la sociedad en general.